Inteligencia Artificial

-Siri ¿Dios existe?

-Me abstendré de participar en discusiones teológicas

Esta respuesta podría parecer el fragmento de una conversación entre un hijo curioso y su madre o quizá entre dos recientes lectores de Nietzsche. Sin embargo, se trata de Siri, un identificador de voz que funge como “asistente personal” en los teléfonos y tables de apple.

Si bien suena descabellado mantener conversaciones con un aparato, parece que la cuestión es demasiado atractiva, o al menos así lo dejan ver las más de 400 mil visitas que tiene el video de Youtube titulado Preguntas a Siri.

Además de las carencias afectivas que un robot puede cubrir en una sociedad como la nuestra, la inteligencia artificial o AI -por sus siglas en inglés- ha cautivado a la humanidad desde siglos atrás. Letras, cine y demás artes han echado a volar la imaginación sumergiéndose en el tema.

 

En la actualidad el impacto de la tecnología en la vida cotidiana ha alcanzado cifras como nunca antes. Esto ha traído numerosos cambios en la cultura, la economía, la comunicaciones y en la forma de concebir el mundo que nos rodea.

En este tenor cabe preguntarnos si realmente se avecina, como afirmó el famoso físico Stephen Hawking en la cumbre Zeltgeist 2015 celebrada en Londres, el inicio de una tragedia para los seres humanos.

La AI, que es la capacidad de algunas máquinas para resolver problemas, discriminar entre distintos objetos o responder órdenes agrupa un conjunto de técnicas y conocimientos multidisciplinarios: matemáticas, electrónica, mecatrónica, neurociencia, anatomía, lógica, entre muchas otras ramas  que se encuentran trabajando actualmente en su desarrollo. Todo con el fin de imitar los procesos de pensamiento que los seres humanos podemos realizar.

A pesar de que la AI puede encontrarse en computadoras o máquinas, los androides y autómatas han sido sumamente populares por su semejanza fisiológica con los seres humanos. El primer autómata fue construido en 1737 por Jacques de Vaucanson y fue nombrado El flautista ya que se trataba de la figura de un pastor de tamaño natural que tocaba la flauta y el tambor.

Actualmente se han desarrollado robots que juegan fut bol, aquellos que sirven para ayudar personas con alguna discapacidad física o incluso con fines pedagógicos o didácticos.

 

 

Sin embargo, hay cosas que hacen diferentes a los humanos y a las máquinas dotadas con AI. Éstas últimas, por ejemplo, carecen de mecanismos intuitivos, de creatividad propia y además, de los valores y la ética propiciados por la interacción entre seres humanos.

Debido a las máquinas con AI no pueden -al menos por ahora- evolucionar ni autoperfeccionarse, es necesario que uno o varios seres humanos programen, decidan y ejecuten las órdenes que deben cumplir los artefactos con AI.

En este tenor gadgets, apps, computadoras, software entre un gran etcétera pueden tener fines bélicos y ofrecer resultados inclusive más desastrosos que los que ha habido en guerras del pasado.

El futuro es incierto y el desarrollo de la AI es cada vez más complejo. Quizá las preocupaciones de hoy en torno a temas de este rubro se transformen diametralmente, tal como Hawking lo pronostica en la actualidad:

«Nuestro futuro es una carrera entre el creciente poder de la tecnología y la sabiduría con la que la usamos. A corto plazo, la gente está preocupada por quién controla la IA. A largo plazo, tendremos que preocuparnos por si podremos controlarla»

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